Cuando Antonio Cafiero terminó de confirmar, en 2009, que
Perón era hincha de Boca, también explicó por qué el General no hacía pública
su elección:
“No lo decía
porque, evidentemente, cuidaba a las demás hinchadas de los otros clubes".
Igual
de político resultó Roberto Sánchez, Sandro. Un personaje tremendamente
popular, al igual que Perón, del que no hay certeza de su gusto futbolero y que
“no quería hablar de política ni de fútbol porque son cosas que dividen a la
gente”, según asegura Roberto Defazio, fan y conductor del programa “A todo
Sandro”, conocedor del paño. Además de no querer dividir, y a diferencia de
Perón, a Sandro no le interesaba para nada el fútbol. Ni el deporte en general.
Se podría contar entre los argentinos menos deportistas de la historia. Sin
embargo, hay deporte en la filmografía del Gitano.
ESTADIOS
MÍTICOS DEL DEPORTE
En 1970
se convirtió en el primer cantante latino en presentarse en el Madison Square
Garden (en el Felt Forum del Madison Square Garden, que es el estadio secundario, pero Madison al fin, allí peleó Maravilla Martínez en 2012, como bien aclara Ernesto Rodríguez III), un templo del deporte neoyorquino (allí juegan de locales los Rangers,
en la NHL, la
liga profesional de hockey sobre hielo, y los Knicks del argentino Pablo
Prigioni en la NBA).
Afiche de las dos presentaciones en el Madison Square Garden, un templo del deporte neoyorquino.
También fue el primer artista que hizo un recital en el Luna Park, en 1972, cuando
el estadio solo albergaba veladas boxísticas. Ese mismo año llenó el Maracaná.
Pero el deporte al que más se acercó fue el automovilismo. No porque haya
madrugado seguido para ver al Lole Reutemann en la F1 o porque el TC lo volviera loco. A Sandro le
gustaban los autos, un poco la velocidad, y además, el automovilismo fue el
único deporte protagonista en una película suya: Siempre te amaré.
DE LA MANO
DE PAIRETTI
En el
film, de 1971, Sandro personifica a Fernando Andrade, un fenomenal piloto de la escudería Minelli,
que además canta y baila en los boites porteñas, y, como varios de sus
personajes de otras cintas, es arrogante y canchero. En el arranque, además, lo
podemos vemos jugando al bowling y al golf.
Para
esta película, que se grabó en parte en el circuito cordobés Oscar Cabalén, se
utilizaron varios autos de TC y Sport Prototipo del piloto Carlos Pairetti,
amigo del cantante, quien además dobló a Sandro en las escenas de velocidad. El
dueño del mítico Trueno Naranja (un Steven Chevrolet 250 con el que ganó el
campeonato de TC de 1968) contó que, por pedido de Oscar Anderle, co-autor de
varios éxitos y casi un segundo padre del Gitano, jamás le prestaba los autos a
Roberto. Pero un día le insistió tanto que solo sería una vueltita, que
accedió. “Le di un Sport Prototipo, con volante a la derecha. La primera
vuelta pasó bien, despacio; la segunda ya iba más ligero; en la tercera vuelta,
en la curva 5 del Cabalén, se estrelló contra el guard rail y volcó. Quedó
debajo del auto. No me alcanzaban las patas ni el auto que agarré para llegar a
la curva a ver si le había pasado algo a él, porque el auto se arreglaba”,
recuerda el santafecino.
Trailer de la película "Siempre te amaré".
Pero
volvamos el film. Fernando Andrade (Sandro), que además de un playboy es un
rebelde, desoye en un momento las órdenes de su jefe, Enzo Minelli (Alfredo
Iglesias), quien pretende que el as del volante deje pasar a Carlos (Juan José
Camero) para que gane la carrera por el bien del equipo. Obviamente, Andrade
hace caso omiso de las pretensiones del malvado Minelli, y deja a todos
mordiendo el polvo.
Sergio Cutuli, en su blog
“Cosas de autos”,
describe este
momento de manera brillante:
“El tráiler es impagable, sólo superado por la
escena de más dramatismo de la película en la que Sandro y Juan José
Camero se disputan la carrera manejando con mocasines en el autódromo Oscar
Cabalén de Córdoba; el trompo con posterior despiste es bizarro, con un auto de
juguete filmado cuadro a cuadro. Luego, el cantante pierde la vista y queda
postrado, pero es en ese momento donde encuentra el verdadero amor”. Véanlo
ustedes mismos.
Escena del accidente en el que Fernando (Sandro) queda ciego. Además, corre en mocasines blancos. Hallazgo de Sergio Cutuli.
El
deporte motor llega hasta la mitad de la película. Después
viene la recuperación de Fernando Andrade, que está ciego y en silla de ruedas.
El otrora rey de la velocidad cae en un centro de rehabilitación en medio de
las montañas, donde empiezan a pasar cosas extrañas, como que la enfermera de
la cual luego se enamora (Alicia del Solar, que aparece en los títulos como la
“ganadora del concurso de Radiolandia y Canal 9”), lo está cuidando, le prende
un cigarrillo y se lo pasa, contrariando cualquier ley de salubridad de una
institución médica. O la discusión que tienen ambos protagonistas sobre dios,
antes de la operación que podría devolverle la visión a Fernando, tras la cual
la enfermera lo deja solo, en un balcón que da a un risco y que tiene solo una
barandita de piedra que le llega hasta las rodillas… ¡y él está ciegooooo! Rayano
con el abandono de persona.
Otro
detalle fierrero son los anteojos para “hacer de ciego” que usa Sandro en toda
esta parte del film. Son marca “Pairetti”, un diseño de su amigo el piloto, del
que se vendieron, gracias al film y al título en TC de Pairetti, unos 60 mil
pares.
Además de los autos, Pairetti aportó los lentes "de ciego" de Sandro en "Siempre te amaré".
No se
sabe si fue a modo de homenaje, casualidad o liso y llano hurto, pero el
director y guionista Leo Fleider (que dirigió 5 de las 13 películas de Sandro)
bautizó al mayordomo de Fernando Andrade como Bujía, el mismo nombre del
mecánico amigo de Meteoro en la japonesa serie de dibujos animados tuerca,
estrenada en 1967, cuatro años antes que el film.
Standing ovation para la defensa de Marcos Zucker, mecánico y mejor amigo de Andrade, cuando Alfredo Iglesias (Minelli) lo increpa por un despiste.
Alfredo Iglesias: Lo que
hizo tu protegido es una porquería.
Marcos Zucker: ¿Por qué? Usted jamás tuvo en sus manos una máquina de carrera
para saber lo que se siente al perder cuando se es un ganador de raza.
Todavía lo están aplaudiendo en los cines.
EL
DESEO DE VIVIR: UN SPORTSMAN SIN DEPORTE
El
deseo de vivir podría considerarse la segunda película deportiva de Sandro,
porque aquí personifica a Rolo Medina, para variar, un playboy canchero y
arrogante, que además practica muchos deportes, y en todos, si no está en la
selección, debería estarlo.
Uno se
entusiasma con semejante anuncio. Y encima, el film arranca con tres notas que
aparecen en los diarios y que destacan la febril actividad del personaje del
Gitano. “Rolo Medina ganó el campeonato abierto de polo. Realizó gran performance”.
Perfecto. Luego: “Rolo Medina, el mejor jugador de rugby de la selección. Destacada
actuación del gran valor”. Bien, aunque pareciera que tituló Minguito. Última:
“Rolo Medina se accidentó durante la final de polo. Pudo tener consecuencias”. Promete.
Pero no. En este primer minuto del film, casi que se acaba el deporte. Incluso
estos artículos de la sección deportes se ilustran con fotos de Rolo Medina
siempre de civil. No aparece una pelota, un taco, una gota de sudor… ni un vaso
de Gatorade.
Inicio de "El deseo de vivir", donde se ve a un verdadero sporstsman como Rolo Medina (Sandro) pero solo en diarios.
Después,
la película va por otro lado. Nos cuenta cómo Sandro y Elena Sedova se
enamoran, aunque ella es casada, y se aprovecha al deporte para justificar la
visita de Rolo Medina al médico, justamente el esposo de Elena Sedova. Cuando
le preguntan a Medina porqué se toma el costado, responde: “Un maldito golpe
que me di jugando al polo”.
Después,
Elena Sedova, en una sugestiva bikini naranja y gorro de baño amarillo, lo
salva a Rolo luego de que este perdiera el control haciendo esquí acuático
(raro accidente para un crack de todos los deportes cómo él) y entrada la
película, aparecen escenas clipeadas en la que se lo ve al playboy jugando al
bowling, con una pelota más parecida a una Pulpo que a una bola de boliche como
la de El gran
Lebowski. Y se acabó el deporte en una película sobre un deportista. Es más, es
tan pobre el sostén deportivo del film, que el protagonista, al que le
diagnostican 6 meses de vida, se cura (en realidad, no tenía nada, pero el malo
de Juan José Miguez lo quiere hacer sufrir por haberle pedaleado la bicicleta;
yo habría hecho lo mismo por la apetecible Elena Sedova)
y no sabemos si vuelve a jugar a golf, al rugby o al polo. Solo sabemos que
será feliz con la adúltera blonda.
¿DE QUÉ
CUADRO SOS, ROBERTO?
No existe
acuerdo posible sobre los colores favoritos de Sandro. Todos coinciden en que el
fútbol le era indiferente, aunque sí veía en algunos partidos a la Selección. A diferencia del
General, que no lo decía pero había echo una elección, solamente una vez
Roberto Sánchez reveló algún detalle en este aspecto de su vida. En la Telebiografía de la revista Antena del 21 de julio de 1964 para conocer al joven músico de 19 años que había debutado
en Sábados Circulares, se produce el siguiente diálogo entre el periodista y
Sandro:
Periodista:
¿Simpatía por algún club de fútbol?
Sandro: Por
el más “simpático de todos”, Huracán.
La periodista Nora Lafon, una de las personas que más
conoció al cantante hasta su fallecimiento el 4 de enero de 2010, insiste en
que no era hincha de ningún equipo y que seguramente en esa nota de la revista Antena haya
dicho lo primero que se le vino a la mente. El Gitano había
transitado mucho por Pompeya y Patricios, y tenía al Globo a mano. Los hinchas
quemeros se abrazan a esa nota y recuerdan, además, que Sandro nació en la maternidad Sardá,
a pocas cuadras del estadio Tomás A. Ducó. Para ellos, esto como el certificado
ISO 9002.
Otros dicen
que, por haberse mudado a Banfield, se hizo hincha del Taladro de grande, y
hasta hay quienes están convencidos de que era simpatizante de San Lorenzo,
como le relataron sus custodios a uno de sus fans, Juan Gerardo Talerico,
conductor del programa de radio “El mundo de Sandro”. La amistad con un cuervo
de ley como Cacho Castaña pudo llevar a confusión, pero el periodista del chal
blanco Cacho Rubio, lo desmiente: “pasé muchas noches con ambos, Cacho venía
entusiasmado con San Lorenzo, contaba cosas, algún partido, y Sandro no le daba
ni bola”.
A las
referencias futboleras del cantante nacido en Valentín Alsina hay que buscarlas
con lupa. Además de aquella nota, en la que también asegura que sus deportes
son “el fútbol y el boxeo”, existe un reportaje con Pipo Mancera en el que el
Elvis argentino empieza a renegar un poco del deporte rey: “Yo juego al metegol
y a las bolitas, el que jugaba al fútbol era mi viejo”, quien sí era futbolero,
y terminaba muchas de sus jornadas laborales con un picado a la salida de su
trabajo en el frigorífico Wilson.
No hay mucho más deporte en la filmografía. Salvo que incluyamos a la película
Tú me enloqueces, la única que escribió y dirigió Sandro, en 1976, y en la que coprotagoniza con Susana Giménez, una reina de los deportes, si tenemos en cuenta que en esa época estaba de novia con el entonces campeón mundial de los medianos Carlos Monzón, y luego tuvo un romance con el flaco Norberto Draghi, primer basquetbolista en ser tapa de la revista Gente.
El Flaco Draghi con Susana. En la misma tapa con Reutemann, Picasso y Maradona. También con otros impresentables, pero bue...
Ver todas las fuentes
www.imdb.com
www.somosquemeros.com.ar
www.cosasdeautos.com.ar
http://newsmaker4.com.ar
www.youtube.com
Entrevistas con Nora Lafón, Cacho Rubio, Carlos Pairetti, Pablo Ferraudi, Roberto Defazio, Ernesto Rodríguez III y Graciela Guiñazú.