viernes, 26 de abril de 2013

LE MANS Y UNA PELI DE FOBAL QUE QUEREMOS VER


Están pasando cosas piolas en el mundillo que rodea al cine y los deportes. Primero, en el Turner Clasic Movies Film Festival de Hollywood se proyectará mañana Le Mans, una de las joyas del cine deportivo, top 3 de las películas de automovilismo. Con Steve McQueen en la piel de un piloto de carreras ( en efecto, su otra pasión), que vuelve a correr después de un terrible accidente. Alguna vez, el protagonista de Papillon (siempre producirá algo en mi interior nombrar este film) dijo: “A veces no sé si soy un actor que corre carreras o un piloto que actúa”.

Esta película de 1971 fue filmada en gran parte durante las auténticas 24 Horas de Le Mans de 1970, por lo que, además del bonito Stevie en su mejor momento, se pueden ver escenas de automovilismo real.

Trailer de la película Le Mans, con Steve McQueen (1971).

El marco es un festival de cine clásico, que este año se hace bajo el lema “Viajes en películas” y en un lugar mítico para los cinéfilos: el Barrio Chino de Hollywood. Son 4 días para hacerse una panzada, pero bueno, para disfrutarlo hay que estar ahí, en plena California. Un detalle menor.

Antes de la película, va a haber una charla con Chad McQueen (a Steve, por obvias razones, se le hace imposible estar) y los pilotos Derek Bell y Vic Elford, que hablarán de su experiencia durante la filmación. Sí, quisiéramos estar ahí.

Además de Le Mans está programada The Swimmer, una muy buena de natación no competitiva, pero que vale la pena ver. Un señor de clase alta de la afueras de New York (Burt Lancaster) se da cuenta de que todas las casas de su zona tienen pileta y decide recorrer el valle entero nadando, de alberca en alberca, charlando con sus amigos y vecinos y contando un poco su vida.

FÚTBOL A LA FRANCESA

La estrenaron en septiembre en Francia. Se viene el estreno en España. Y la queremos acá. Una buena comedia de fútbol, Les seigneurs (Un buen equipo es el título con el que verá la luz en las tierras de Gaby, Fofó y Miliki).

Afiche de la película Les Seigneurs, con un simil Rifle Varela de TN en el arco.

Un ex jugador francés que vive retirado en la isla de Moléne comienza a convencer a sus ex compañeros de la selección francesa de fútbol, ninguno en su mejor momento, para que jueguen en el equipo local con el propósito de avanzar en el Torneo de Copa, recaudar mucho dinero y salvar así a la fábrica de conservas local, que es la que mantiene a flote al comercio isleño. Arrancan a los trompicones, enderezan y van a jugar nada menos que el partido definitorio con el Olympique de Marsella.

El film es de Olivier Dahan (el de La vie en rose, la película que retrata la vida de Edith Piaf) y tiene a un par de muy buenos comediantes franceses (Omar Sy, el de Amigos inseparables, que además dice Carlos Marañón, de Cinemanía, es el que mejor juega; observen también el parecido, de rostro y peinado, de Ramzy Bedia con el popstar de las noticias de TN Rifle Varela).

Les recomiendo ver el trailer (en francés, pero se entiende), el trailer tipo FIFA 13 y leer la nota que hizo Marañón en su blog de Fútbol y cine, que él sí la vio.


 Trailer oficial de Les seigneurs.

Trailer de Les seigneurs, tipo FIFA 13.

miércoles, 20 de marzo de 2013

MATAR AL RIVAL, LA HISTORIA DE EMILE GRIFFITH

Como en el libro “Crónica de una muerte anunciada”, Ring of fire: The Emile Griffith story (2005) arranca y te cuenta todo de un saque: que Emile Griffith mató a un rival en el ring el 24 de marzo de 1962, en el Madison Square Garden de Nueva York en una pelea por el título, televisada en vivo y en directo. Y que lo hizo porque le dijo maricón. Lo único que deja para un poco más adelante es que Griffith se enojó porque no es “maricón”, sino que le gustan los hombres y las mujeres por igual y no sabe bien qué es. ¿No queda nada para después? Sí, queda todo.

Queda la historia de un boxeador llegado a Estados Undidos desde Islas Vírgenes en los años 50, un grande de la categoría mediano, seis veces campeón mundial, que tuvo que ocultar su bisexualidad durante décadas porque ser bisexual o gay a mediados del siglo XX ya era difícil. Y ser además un boxeador bisexual… olvídate. También queda la historia de Benny Kid Paret, el cubano que sufrió la furia de Griffith, la historia de su viuda y su hijo. La historia de un deporte que muchos no quieren llamar deporte y que cada tanto, cada muerte, desempolva el debate.

Griffith descargó más de 20 golpes sobre el indefenso Paret, que murió 9 días después en el hospital, sin haber vuelto nunca en sí después del nocaut. 

Queda también el relato de una época, las imágenes de una rivalidad histórica (tres peleas por el título mundial mediano, siempre con cambio de dueño). Y también queda el papel de los medios. Queda ver a Benny Paret (que había tirado y dejado casi nocaut en el sexto a Griffith) inconsciente en el rincón en el que su rival lo había molido a golpes de bronca (Paret recibió unos 25 golpes sin atinar defensa, y solo se mantuvo en pie porque Griffith no lo dejaba caer, ya que lo tenía preso contra las cuerdas) , mientras un periodista entrevista al nuevo campeón, que no puede dejar de ver a su rival mientras es atendido. Paret no murió en el ring. Falleció 9 días después en el hospital, sin haber recuperado nunca la consciencia.

Queda, obviamente, la verdad de Griffith, que no era un tipo violento. Queda verlo como diseñador de sombreros en su juventud, y verlo hoy, como un abuelo que reconoce su condición sexual y que ya no puede reconocer muchas cosas más. Y que, pese a haber hecho otras 80 peleas después de la de la desgracia, jamás volvió a ser el mismo. “Muchas veces he contenido la fuerza de mis golpes por temor a repetir la historia”, confesó años después el virginiano, el púgil con más rounds disputados en la historia del Madison Square Garden. 

BOXEADOR Y BISEXUAL

Griffith no fue condenado socialmente por lo que pasó con Paret, y esto se lee en un detalle de su carrera: pudo volver a pelear y a ser campeón del mundo. Pero Griffith sí fue condenado por su condición sexual, reconocida en parte en una nota de Sports Illustrated en 2005, a los 67 años, y en 2008, confirmada por el libro “Nine-Ten-and Out”, del periodista Ron Ross. “Yo maté a un hombre y la mayoría de las personas lo entiende y me perdona. Sin embargo, yo amo a un hombre y eso para muchas personas es imperdonable”. Un cross de Griffith al mentón de la pacatería y la hipocresía de una sociedad, que, por ejemplo, no tiene reparos en mandar a sus hijos a la guerra constantemente. “Esto del boxeo no es nada en uno de los países más violentos del mundo como Estados Unidos”, dice el periodista de origen latino Juan González en el documental.

Griffith tenía el físico perfecto para un boxeador. 

Queda de nuevo escuchar a James Brown en el inicio, con su magistral y quirúrgicamente ubicado “It’s a mans world" (Un mundo de hombres). Y el relato de cómo Griffith terminó en el hospital por 5 semanas en 1992, cuando una patota lo dejó al borde de la muerte a la salida de un boliche gay, lo que le generó problemas en la memoria a corto plazo (es impactante ver en el documental a Griffith reconociendo que no recordaba de qué murió su madre). Queda ver a su esposa. Sí, se casó con una mujer.

LA CONEXIÓN ARGENTINA

A nosotros nos suena el nombre de Griffith por sus peleas por el título con Carlos Monzón, ambas con victoria del santafesino (KO 14 el 25-9-71 en el Luna Park; y por puntos en Montecarlo el 2-6-73). Griffith también protagonizó una serie de tres peleas memorables contra Nino Benvenutti. El italiano le arrebató el cetro mundial mediano en 1967, Griffith lo recuperó el mismo año ante el mismo rival y lo volvió a perder un año más tarde, también ante Benvenutti, que sería campeón hasta el recordado 7 de noviembre de 1970, cuando Monzón, en Roma, lo noqueó y comenzó su reinado de 7 años y 14 defensas. Al igual que con Monzón, Benvenutti trabó una gran amistad con Griffith. De hecho, el hijo del italiano fue a Nueva York para recibir clases de boxeo con Emile Griffith.

Tapa de la revista El Gráfico, luego de su segunda defensa del tíutlo, en 1971, en la primera de las dos peleas que hizo con Griffith.

Vale la pena verlo. Incluso vale la pena ver todo el documental, entender el relato y seguir la historia, solo para llegar al final y llorar a moco tendido con el encuentro entre Griffith y el hijo de Kid Paret en el cementerio, más de 40 años después del trágico combate. Queda ver a un hijo que creció sin su padre y a un hombre que murió un poco aquel 24 de marzo de 1962.

Acá, la película completa



Fuentes
www.imdb.com
http://www.arcotriunfal.com/466/un_crimen_con_guantes.html
http://www.nytimes.com/2012/04/01/sports/emile-griffith-benny-paret-and-the-fatal-fight.html?pagewanted=all&_r=0

martes, 12 de marzo de 2013

THRILLA IN MANILA: EL DIA QUE ALI QUISO ABANDONAR


Otra vez Ali. Otra pelea histórica. Pero en Thrilla in Manila (2008), este documental de John Dower (también director de Once upon the time: the extraordinary story of the New York Cosmos), las cosas son un poco diferentes de las que se ven en When we were kings

DE PELÍCULA

El combate en sí fue colosal, considerado uno de los más agotadores, extraordinarios y casi inhumanos de la historia del boxeo. Una de las tantas peleas del siglo, pero una a la que el slogan le quedó chico. Mohammed Ali y Joe Frazier llegan al combate del 1 de octubre de 1975, en Manilla, Filipinas, con una victoria para cada uno. Frazier había derrotado sorpresivamente a Ali el 1 de marzo de 1971, en el Madison Square Garden cuando Ali estaba volviendo al boxeo después de la prohibición, y pretendía recobrar su título del mundo. Era la primera derrota profesional del artista del boxeo antes conocido como Cassius Clay. La revancha, otra vez en el Madison, en enero de 1974, fue para Ali. Y así fue que quedó todo listo para el Thrilla in Manila (Suspenso en Manila, en español), el tercer y definitivo combate entre ambos.

Tapa de la revista Sports Illustrated, previa a la pelea. Don King dueño del combate. Alí comenzaba su burla hacia Frazier.

A las 10 de la mañana de Manila (otra vez la televisión para Estados Unidos obliga a un horario poco habitual) Frazier arranca, como siempre, tomándose su tiempo para entrar en ritmo, y Ali intenta sacar provecho de esos rounds iniciales. No puede. A partir del cuarto, Ali empieza a cansarse, Frazier toma la iniciativa y da vuelta la pelea, hasta que también afloran en él síntomas de la fatiga. Ali recupera un poco de aire, llega a conectar dos buenas manos en el rostro de Frazier y entre los asaltos 11 y 12 (las peleas por título mundial en esa época eran todas a 15 rounds) le cierra el ojo izquierdo.

En el round 13, el cine se apodera de la pelea. Un gancho de derecha de Ali hace volar el protector bucal de Frazier hasta el ringside, y ante la imposibilidad reglamentaria de volver a colocarlo, aguanta 2 minutos sin él. Su mandíbula lo sufre, lo mismo que su ojo derecho.

Frazier entra al 14° asalto exhausto y en muy malas condiciones. Y Ali, que no está mucho mejor, pero da muestras de querer terminar el combate, sale a rematar su faena. Atacando siempre por el lado izquierdo de Frazier para aprovechar su ceguera, el de Louisville logra poner al borde del nocaut a Frazier, al que le cierra también su ojo derecho. Casi ciego y sin fuerzas, Frazier llega al final del ante último asalto. En su rincón, su entrenador Eddie Futch detiene la pelea, a pesar de que el Frazier quierea seguir. “Todo terminó, nadie olvidará lo que hiciste aquí hoy”, le dice Futch a su pupilo. En el mismo momento que Futch definía el abandono, en el otro rincón, Ali le suplicaba a su entrenador histórico, Angelo Dundee: “Córtame los guantes”, que a diferencia del “córtame el párpado” de Rocky, aquí significa que ya no quiere pelear más. Está agotado. Mientras discuten Ali y Dundee, se dan cuenta de que Frazier tiró la toalla. Como puede, Ali se pone de pie, levanta los brazos y festeja, pero a los pocos segundos, cae de rodillas casi desmayado, en lo que se considera una de las secuencias más dramáticas de la historia del boxeo.

DEL LADO DE FRAZIER

Así como When we were kings muestra al Ali heroico y carismático, Thrilla in Manila le da la oportunidad a Frazier de decir su verdad. Y es una verdad que no deja bien parado al más grande pesado de todos los tiempos.

En su acting provocador, Ali fue mucho más duro con Frazier que con cualquier otro rival. Algo llamativo porque se suponía que tenían una buena relación y el mismo Joe había intercedido personalmente ante el presidente Richard Nixon para que le devolvieran a Ali su licencia para volver a boxear.

Ali lo llamó “feo”, “ignorante”, “gorila”, “Joe Kong” y humilló a la familia de Frazier desde que se anunció el combate. Y Frazier nunca se lo perdonó. Incluso después del reconocimiento que hizo Ali apenas terminó la pelea en Filipinas. "Joe Frazier, lo diré al mundo ahora, sacaste lo mejor de mí, eres un hombre increíble, que Dios te bendiga. Es el mejor boxeador de todos los tiempos, junto conmigo". Ali mandó a pedir disculpas por todo lo que había dicho sobre Frazier, pero Joe quería algo más: “Si eran disculpas sinceras, quería que viniera él en persona, y nunca lo hizo”. La amargura de Frazier por esa pelea es inabarcable. Uno lo ve referirse a ese combate, 30 años después, y queda la sensación de que hubiera preferido morirse en el ring ese día antes que abandonar

Así quedó el rostro de Frazier luego de la pelea con Ali en Filipinas.

El retrato de Ali queda salpicado en este film y el mismo Frazier casi como que toma al mal de Parkinson de Clay como un castigo divino. Una revancha.

Frazier nunca se recuperó ni mental ni físicamente de aquella tremenda lucha. Al tiempo del combate en Manila, Frazier comenzó a evidenciar problemas en el habla y también motores, por lo que se retiró en 1976, tras una derrota ante Foreman (volvió en 1980 para pelear y perder con Larry Holmes y Trevor Berbick, pero en muy mal estado).

SIMILITUDES

Al igual que en la pelea Ali-Foreman en Kinshasa, un dictador sediento de buena prensa aportó el dinero para la nueva pelea del siglo. Se trata de Ferdinando Marcos, el entonces presidente filipino, quien se comunicó con Don King para acercarle la oferta, y el promotor, que jamás se fijó en detalles nimios como torturas, ley marcial y terrorismo de estado, aceptó gustoso.

Thrilla in Manila es un documental hecho para televisión, lo que no le resta para nada calidad ni belleza. Por eso quizás no ganó un Oscar, pero si fue nominada para el Gran Premio del Jurado del Sundance Film Festival de 2009. 

El documental tiene argumento, tiene historia, tiene testimonios impactantes. Pero si no los tuviera, vale la pena solamente por tener dentro a una de las mejores peleas de la historia. Si Stallone no dice que se inspiró en Thrilla in Manila para hacer el final de Rocky II (Apollo Creed, campeón, y Rocky, retador, llegan al último round, exhaustos ambos, caen juntos al suelo y el Semental Italiano logra incorporarse cuando la cuenta para ambos llegaba a 9) es un mentiroso.

Vean los últimos dos rounds de la pelea transmitida por HBO. Si se sorprenden diciendo en voz alta "cómo está cobrando este muchacho, cómo puede mantenerse en pie" es normal. Y recomiendo ver la cara de "no puede ser que todavía esté parado" de Ali. 



Aquí va el round final de Rocky II, para comparar.



lunes, 11 de marzo de 2013

ALI Y FOREMAN, EN ZAIRE Y POR 10 PALOS VERDES

When we were kings (1996), el documental sobre la pelea que Mohammed Alí le ganó al hasta entonces aparentemente invencible George Foreman, en Kinshasa, Zaire, el 30 de octubre de 1974 (si, pleno cumple de Diego Maradona) es una verdadera obra de arte, por varios motivos.

Afiche del documental When we were kings. 

POR LA HISTORIA

El promotor de los pelos parados Don King (en el film, el escritor Norman Mailer explica su extraño pelambre: “dicen que quedó así porque cayó en el hueco de un ascensor”), no muy conocido por entonces, intenta meterse en el gran negocio del boxeo. Habla con el entonces campeón del mundo de los pesados, George Foreman (sí, el de las parrillas que te venden a las 3 de la mañana en los programas informerciales), 25 años, que viene de destrozar a otros monstruos de la categoría como Ken Norton y Joe Frazier, y lo compromete a pelear con Ali si le consigue 5 millones de dólares de bolsa. Foreman acepta. Don King repite el argumento con Ali, 32 años, que había pasado tres años sin pelear y había perdido su título mundial y su licencia para boxear por haberse negado a enrolarse en el ejército para la guerra de Vietnam, como objetor de consciencia. Ali también acepta. King tenía a los dos boxeadores, pero le faltaban los 10 millones. Quien se interesa el proyecto y pone la plata para lavar un poco la imagen de su sangriento régimen es Mobutu Sese Seko, el dictador de Zaire (antes Congo Belga, ahora República de Congo). La pelea se hará en Kinshasa, capital zaireña, en el estadio 20 de Mayo, debajo del cual se torturaba y mataba gente, como en el estadio Nacional de Santiago de Chile. La verdad es que este detalle importó poco en general (en el documental se habla del tema pero nadie se escandaliza) y el match es bautizado como "Rumble in the jungle" (Rugido en la jungla).

King organiza un festival artístico, una especie de Woodstock africano, con BB King, James Brown, The Crusaiders, The Spinners, Celia Cruz y Miriam Makeba (la del Pata Pata), entre otros. La pelea sería el broche de oro del festival. 

Pocos días antes del combate, Foreman sufre una lesión en un ojo y el enfrentamiento se posterga 5 semanas. Ali realiza durante todo el mes y medio un trabajo de integración con el pueblo zaireño, se dice uno de ellos (“soy americano, pero aquí he vuelto a casa a pelear por mis hermanos”) y se entrena a puertas abiertas. La gente de inmediato se pone de su lado. Foreman, en cambio, se muestra más serio, se encierra en su bunker y comete el error de llevar consigo a Zaire a su perro, un ovejero alemán, igual a los que utiliza para la represión la policía zaireña. Fue al Once con un brazalete con la cruz gamada, digamos.

Afiche de promoción de la pelea Ali-Foreman, en Zaire.

De todos modos, el día de la pelea, la gran mayoría cree que Ali será destrozado arriba del ring. El mismo Mailer reconoce que vio el miedo del púgil de Louisville, “como el de un hombre que va a la horca”. Foreman, que llegaba con un invicto de 40 peleas como profesional y 37 nocauts, sale a terminar el pleito rápidamente, pero se encuentra con un Ali que no “baila” en el ring sino que se recuesta sobre las cuerdas y recibe todo lo que Foreman le tira. Bomba tras bomba. En el sexto round, el campeón empieza a denotar cansancio. Ali se suelta y comienza a bailar y a picar (“se mueve como una mariposa, pica como una abeja”, decía su segundo Bundini Brown). Para sorpresa y beneplácito general, Ali gana por nocaut en el octavo asalto. Su táctica sería bautizada como “rope a dope”, algo así como “hacerse el tonto sobre las cuerdas”.

POR LA FORMA

La fortuna jugó dos veces en favor de When we were kings. Leon Gast fue contratado para grabar el festival artístico. De hecho, Gast se había encargado de filmar de otros shows musicales de BB King y de Greatfull Dead, por ejemplo. Pero, dada la postergación de la pelea y para matar el tiempo muerto, Gast comienza a seguir a Ali. Y Ali siempre da frutos.

El otro punto que potenció a este documental fue el paso del tiempo. Casi todo el material se obtuvo en 1974, pero recién vio la luz 22 años después, por problemas de derechos. Habría sido un gran film en 1975, seguramente. Pero se habría perdido en la ebullición de momento de Ali: otras peleas, sus constantes apariciones mediáticas, sus polémicas… When we were kings se estrenó en un momento de casi nula exposición del más grande pesado de la historia y esas imágenes inéditas de 1974 cobraron una importancia y una belleza que no habrían tenido antes. Además, en 1996, Ali ya padecía los efectos muy marcados del mal de Parkinson y, lamentablemente, el contraste entre esas imágenes de un Ali en la cúspide y las del momento del estreno son de knock out.

George Foreman y Mohammed Ali acompañaron a Gast cuando recibió el Oscar al mejor documental, y fue Foreman quien tuvo que ayudar a Ali a subir al escenario. Cuando le preguntaron a Foreman si le había gustado el documental, el hombre de las parrillas dijo: “lo vi varias veces y sigo pensando que el final va a cambiar”. Foreman aún no puede creer el desenlace de aquella pelea. Pero el “sigo pensando que el final va a cambiar” seguramente también refiere al final de sus vidas. Foreman se convirtió en una persona respetadísima, un tipo alegre, uno de los deportistas más admirados de los Estados Unidos. Aun se lo ve jovial y activo. Y Ali solo conserva su fabulosa historia.

Segmento de When we were kings, en el que se cuenta la pelea Ali-Foreman. El "rope a dope" a pleno.

POR EL RELATO
When we were kings no tiene relato en off. Simplemente se apoya en imágenes y testimonios para contar una historia fascinante. Y este detalle realza aún más el excelente trabajo de Gast.

Quedan muchas frases para la historia en el docu, pero la que se convirtió en marca registrada fue sin duda la que el pueblo zaireño acuñó para motivar a su campeón: “Ali boma ye”, que significa, simplemente, “Ali, matalo”. Toda una declaración de amor.

EL DATO ARGENTO

En el final del documental, Gast muestra varios de los knock outs más importantes de Ali en su carrera, entre los que se puede ver el que le propinó a Ringo Bonavena el 7 de diciembre de 1970. Pasa rápido. Tómenlo como un juego: descubra al hincha de Huracán en When we were kings.

Trailer de When we were kings, ganadora del Oscar al mejor documental en 1997.

TRES DOCUS DE BOXEO TRES (EN TRES POSTS DIFERENTES)

Los dos primeros filmes deportivos que ganaron un Oscar a la mejor película fueron Rocky y Million dollar baby. The champ (la original, no la de Jon Voight) se llevó, en 1932, los premios de la Academia por mejor actor  (Wallace Beery) y mejor argumento (lo que sería mejor guión original hoy).

Body and soul (1948), Champion (1950), Toro salvaje (1981), Marcado por el odio (1957), todas tuvieron su Oscar.

El boxeo siempre ha supuesto un atractivo para el cine. Es, casi con seguridad, el deporte que mejor se puede filmar (el fútbol puede ser el más complejo), y sus protagonistas, su mundo y esa posibilidad de conseguir la gloria con un solo golpe lo hacen de los más apetecibles.

Si a todo esto le agregamos escenas de boxeo reales, con figuras de boxeo reales e historias que parecen sacadas de ficción, pero que también son reales, estamos ante algo bueno. Tres documentales tres, para disfrutar de grandes momentos del deporte de los puños, llevados a la pantalla grande.

Hoy, en La claqueta no se mancha, nos metemos con When we were kings (Leon Gast, 1996), Thrilla in Manila (John Dower, 2008) y Rings of fire: the Emille Griffith story (Ron Berger y Dan Klores, 2008).

Ali, Foreman, Frazier y Griffith... Todos campeones del mundo. Todos con algo para contar. 


PD: La idea era hablar un poco de los tres documentales, pero empecé a escribir y las historias son tan ricas, que me excedí. Por eso, decidí subirlos en tres posts diferentes, para que no sea un Benito Bodoque.

jueves, 14 de febrero de 2013

FERRELL Y EL BÁSQUET, SHAQ Y EL CINE


No fue el juego de 15 puntos y 11 rebotes de Luis Scola contra los Lakers, ni tampoco el extrañísimo partido de los 4 puntos de Kobe Bryant en 30 minutos ante los Suns. Al final, la atención del Lakers 91-Phoenix 85 del martes último se la llevaron Will Ferrell y Shaquille O’Neal.

Will Ferrell se lleva "detenido" a Shaquille O'Neal en el Staples Center de LA.

Aun no se sabe bien si fue para promoción, parte de la grabación de alguno de los extraños proyectos de Ferrell o simplemente ganas de hacer ruido, pero el actor se vistió de guardia de seguridad del Staples Center de Los Ángeles, se clavó unos bigotones y con su mejor cara de piedra escudriñó al público, como buen húsar de la ley. Llegado el momento, le llamo la atención a Shaquille O’Neal, que estaba en primera fila viendo a sus ex equipos, lo hizo parar y se lo llevó “arrestado” fuera del estadio. En su delirio, hasta eligió un nombre ficticio, que se ve en su gafete identificatorio: Ted Vagina. Quizá el nombre le haya quedado grabado de su participación en Austin Powers como Mustafá. En esa película aparece una muy apetecible y exuberante malvada de nombre Alotta Fagina (que suena como "mucha vagina" en inglés). Un dato para el orgullo: la actriz que interpreta a Alotta Fagina, Fabiana Udenio, ¡¡¡es Argentina!!!, aunque se fue a vivir a Italia de muy pequeñita. Pero quién nos quita lo bailado.




De todos modos, en estas páginas tenemos que resaltar lo que nos importa. Hay mucho deporte en la carrera del actor Will Ferrell y mucho cine en la del basquetbolista Shquille O’Neal.

FERRELL Y EL BÁSQUET

No es la primera aparición de Will Ferrell en un rectángulo de juego de la NBA. Hace un año, el 8 de febrero de 2012, hizo la presentación olímpica en el partido entre New Orleans Hornets y Chicago Bulls.

Si bien su voz resultó impecable, la data con la que acompañó a cada jugador no fue la tradicional: “En la posición de forward, con el número 5… todavía vive con su madre… Carloooos Boozer”. Y así siguió: “Como forward, número 9… colecciona aves raras y tiene un delfín llamdo Chachi… Luol Deng”. “Como centro, número 30, es de Escorpio y un espantoso bailarín… Yoachim Noah”.

Los locales también cobraron: “Como forward, de México, no habla un pomo de inglés pero igual lo queremos… Gustavo Ayón”, y así hubo para todos.

Hace un año, Ferrell hizo la presentación olímpica en un juego de NBA entre Hornets y Bulls.

Su otro vínculo con el básquet, más actoral aún, se produjo cuando se puso en la piel de Jackie Moon, dueño, entrenador y jugador de un supuesto equipo de una liga profesional en la película Semi Pro, en la que se parodia toda la década de los 70 y además, un hecho histórico real: la fusión entre la ABA y la NBA.

Ferrell protagonizó cuatro comedias deportivas entre 2005 y 2008, una por año: una de fútbol (Kicking and Screaming), una de automovilismo (Talladega nights: the ballad of Ricky Bobby), una de patinaje sobre hielo (Blades of Glory) y una de básquet (la ya mencionada Semi Pro, que merece un post aparte).

Trailer de la muy divertida Semi Pro (2008)


"SHAQ ATTACK" LAS CÁMARAS

El otro protagonista de esta historia, Shaquille O’Neal, es el caso del deportista que quiere se actor y que pocas veces lo logra. Pero hay que reconocerle el intento y su búsqueda.

Shaq debutó en la pantalla grande en 1993 haciendo un cameo en la parodia rapper  CB4, de Chris Rock, y en 1994 y con 22 años, ya se presentó como actor en el papel de Neon, un jugador universitario en la muy buena Blue Chips (con Nick Nolte y Penny Hardaway). Dos años más tarde tuvo su primer protagónico en Kazaam, dirigido por Paul Michael Glaser (Starsky de “Starasky y Hutch”), en una película unánimemente destrozada por la crítica, en la que hace de genio de una lámpara. En el 97 llegó otro bodriazo que lo tuvo como protagonista: Steel. Aquí, el ex jugador de Orlando Magic hace de un superhéroe de acero y, al menos, se autotoma el pelo por cómo tira los libres. En estas dos últimas, además puso el dinero.

Luego llegaría un nuevo cameo en otra comedia, Freddy got fingered, en 2001, mismo año en el que obtuvo otro rol pequeño en la otra película que quiso ser de risa, pero terminó defraudando: The Wash.

Shaquille también participó de Scary Movie 4 y en la muy buena He got game (1998, con Denzel Washington y el NBA Ray Allen), haciendo de si mismo, así como en After de sunset (2004, Pierce Brosnan, Salma Hayek) y en Good Burger (1997), en la que aprovechó su apodo de “comehamburguesas”. Destacada escena, en la que le preguntan, después de un partido cómo se siente y Shaq contesta “hambriento”.

El comehamburguesas en una película de hamburguesas: Good Burger. 

En su derrotero de cameos, también se dio el lujo de compartir cartel con un montón de ex conejitas playboy y el mismísimo Hugh Hefner en The House Bunny (2008).

Hay mucho “himself” en la carrera de Shaquille O’Neal, sobre todo en televisión. Quizás, para otra vez. Como despedida, les dejo la excelente parodia de MadTV, Shaq y los Super Lakers, con la introducción del comediante Aries Spears imitando al pivote. Imperdible.


 Capítulo de Shaq y los Super Lakers, en MadTV.






viernes, 8 de febrero de 2013

SANDRO, UN TIPO DE FIERRO

Cuando Antonio Cafiero terminó de confirmar, en 2009, que Perón era hincha de Boca, también explicó por qué el General no hacía pública su elección: No lo decía porque, evidentemente, cuidaba a las demás hinchadas de los otros clubes".

Igual de político resultó Roberto Sánchez, Sandro. Un personaje tremendamente popular, al igual que Perón, del que no hay certeza de su gusto futbolero y que “no quería hablar de política ni de fútbol porque son cosas que dividen a la gente”, según asegura Roberto Defazio, fan y conductor del programa “A todo Sandro”, conocedor del paño. Además de no querer dividir, y a diferencia de Perón, a Sandro no le interesaba para nada el fútbol. Ni el deporte en general. Se podría contar entre los argentinos menos deportistas de la historia. Sin embargo, hay deporte en la filmografía del Gitano.

ESTADIOS MÍTICOS DEL DEPORTE

En 1970 se convirtió en el primer cantante latino en presentarse en el Madison Square Garden (en el  Felt Forum del Madison Square Garden, que es el estadio secundario, pero Madison al fin, allí peleó Maravilla Martínez en 2012, como bien aclara Ernesto Rodríguez III), un templo del deporte neoyorquino (allí juegan de locales los Rangers, en la NHL, la liga profesional de hockey sobre hielo, y los Knicks del argentino Pablo Prigioni en la NBA).

Afiche de las dos presentaciones en el Madison Square Garden, un templo del deporte neoyorquino.

También fue el primer artista que hizo un recital en el Luna Park, en 1972, cuando el estadio solo albergaba veladas boxísticas. Ese mismo año llenó el Maracaná. Pero el deporte al que más se acercó fue el automovilismo. No porque haya madrugado seguido para ver al Lole Reutemann en la F1 o porque el TC lo volviera loco. A Sandro le gustaban los autos, un poco la velocidad, y además, el automovilismo fue el único deporte protagonista en una película suya: Siempre te amaré.

DE LA MANO DE PAIRETTI

En el film, de 1971, Sandro personifica a Fernando Andrade, un fenomenal piloto de la escudería Minelli, que además canta y baila en los boites porteñas, y, como varios de sus personajes de otras cintas, es arrogante y canchero. En el arranque, además, lo podemos vemos jugando al bowling y al golf.

Para esta película, que se grabó en parte en el circuito cordobés Oscar Cabalén, se utilizaron varios autos de TC y Sport Prototipo del piloto Carlos Pairetti, amigo del cantante, quien además dobló a Sandro en las escenas de velocidad. El dueño del mítico Trueno Naranja (un Steven Chevrolet 250 con el que ganó el campeonato de TC de 1968) contó que, por pedido de Oscar Anderle, co-autor de varios éxitos y casi un segundo padre del Gitano, jamás le prestaba los autos a Roberto. Pero un día le insistió tanto que solo sería una vueltita, que accedió. “Le di un Sport Prototipo, con volante a la derecha. La primera vuelta pasó bien, despacio; la segunda ya iba más ligero; en la tercera vuelta, en la curva 5 del Cabalén, se estrelló contra el guard rail y volcó. Quedó debajo del auto. No me alcanzaban las patas ni el auto que agarré para llegar a la curva a ver si le había pasado algo a él, porque el auto se arreglaba”, recuerda el santafecino.

Trailer de la película "Siempre te amaré".

Pero volvamos el film. Fernando Andrade (Sandro), que además de un playboy es un rebelde, desoye en un momento las órdenes de su jefe, Enzo Minelli (Alfredo Iglesias), quien pretende que el as del volante deje pasar a Carlos (Juan José Camero) para que gane la carrera por el bien del equipo. Obviamente, Andrade hace caso omiso de las pretensiones del malvado Minelli, y deja a todos mordiendo el polvo. Sergio Cutuli, en su blog “Cosas de autos”, describe este momento de manera brillante: “El tráiler es impagable, sólo superado por la escena de más dramatismo de la película en la que Sandro y Juan José Camero se disputan la carrera manejando con mocasines en el autódromo Oscar Cabalén de Córdoba; el trompo con posterior despiste es bizarro, con un auto de juguete filmado cuadro a cuadro. Luego, el cantante pierde la vista y queda postrado, pero es en ese momento donde encuentra el verdadero amor”. Véanlo ustedes mismos.

Escena del accidente en el que Fernando (Sandro) queda ciego. Además, corre en mocasines blancos. Hallazgo de Sergio Cutuli.

El deporte motor llega hasta la mitad de la película. Después viene la recuperación de Fernando Andrade, que está ciego y en silla de ruedas. El otrora rey de la velocidad cae en un centro de rehabilitación en medio de las montañas, donde empiezan a pasar cosas extrañas, como que la enfermera de la cual luego se enamora (Alicia del Solar, que aparece en los títulos como la “ganadora del concurso de Radiolandia y Canal 9”), lo está cuidando, le prende un cigarrillo y se lo pasa, contrariando cualquier ley de salubridad de una institución médica. O la discusión que tienen ambos protagonistas sobre dios, antes de la operación que podría devolverle la visión a Fernando, tras la cual la enfermera lo deja solo, en un balcón que da a un risco y que tiene solo una barandita de piedra que le llega hasta las rodillas… ¡y él está ciegooooo! Rayano con el abandono de persona.

Otro detalle fierrero son los anteojos para “hacer de ciego” que usa Sandro en toda esta parte del film. Son marca “Pairetti”, un diseño de su amigo el piloto, del que se vendieron, gracias al film y al título en TC de Pairetti, unos 60 mil pares.


Además de los autos, Pairetti aportó los lentes "de ciego" de Sandro en "Siempre te amaré".

No se sabe si fue a modo de homenaje, casualidad o liso y llano hurto, pero el director y guionista Leo Fleider (que dirigió 5 de las 13 películas de Sandro) bautizó al mayordomo de Fernando Andrade como Bujía, el mismo nombre del mecánico amigo de Meteoro en la japonesa serie de dibujos animados tuerca, estrenada en 1967, cuatro años antes que el film. 

Standing ovation para la defensa de Marcos Zucker, mecánico y mejor amigo de Andrade, cuando Alfredo Iglesias (Minelli) lo increpa por un despiste. 


Alfredo Iglesias: Lo que hizo tu protegido es una porquería.

Marcos Zucker: ¿Por qué? Usted jamás tuvo en sus manos una máquina de carrera para saber lo que se siente al perder cuando se es un ganador de raza.

Todavía lo están aplaudiendo en los cines. 

EL DESEO DE VIVIR: UN SPORTSMAN SIN DEPORTE

El deseo de vivir podría considerarse la segunda película deportiva de Sandro, porque aquí personifica a Rolo Medina, para variar, un playboy canchero y arrogante, que además practica muchos deportes, y en todos, si no está en la selección, debería estarlo.

Uno se entusiasma con semejante anuncio. Y encima, el film arranca con tres notas que aparecen en los diarios y que destacan la febril actividad del personaje del Gitano. “Rolo Medina ganó el campeonato abierto de polo. Realizó gran performance”. Perfecto. Luego: “Rolo Medina, el mejor jugador de rugby de la selección. Destacada actuación del gran valor”. Bien, aunque pareciera que tituló Minguito. Última: “Rolo Medina se accidentó durante la final de polo. Pudo tener consecuencias”. Promete. Pero no. En este primer minuto del film, casi que se acaba el deporte. Incluso estos artículos de la sección deportes se ilustran con fotos de Rolo Medina siempre de civil. No aparece una pelota, un taco, una gota de sudor… ni un vaso de Gatorade.

Inicio de "El deseo de vivir", donde se ve a un verdadero sporstsman como Rolo Medina (Sandro) pero solo en diarios. 

Después, la película va por otro lado. Nos cuenta cómo Sandro y Elena Sedova se enamoran, aunque ella es casada, y se aprovecha al deporte para justificar la visita de Rolo Medina al médico, justamente el esposo de Elena Sedova. Cuando le preguntan a Medina porqué se toma el costado, responde: “Un maldito golpe que me di jugando al polo”.

Después, Elena Sedova, en una sugestiva bikini naranja y gorro de baño amarillo, lo salva a Rolo luego de que este perdiera el control haciendo esquí acuático (raro accidente para un crack de todos los deportes cómo él) y entrada la película, aparecen escenas clipeadas en la que se lo ve al playboy jugando al bowling, con una pelota más parecida a una Pulpo que a una bola de boliche como la de El gran Lebowski. Y se acabó el deporte en una película sobre un deportista. Es más, es tan pobre el sostén deportivo del film, que el protagonista, al que le diagnostican 6 meses de vida, se cura (en realidad, no tenía nada, pero el malo de Juan José Miguez lo quiere hacer sufrir por haberle pedaleado la bicicleta; yo habría hecho lo mismo por la apetecible Elena Sedova) y no sabemos si vuelve a jugar a golf, al rugby o al polo. Solo sabemos que será feliz con la adúltera blonda.

¿DE QUÉ CUADRO SOS, ROBERTO?

No existe acuerdo posible sobre los colores favoritos de Sandro. Todos coinciden en que el fútbol le era indiferente, aunque sí veía en algunos partidos a la Selección. A diferencia del General, que no lo decía pero había echo una elección, solamente una vez Roberto Sánchez reveló algún detalle en este aspecto de su vida. En la Telebiografía de la revista Antena del 21 de julio de 1964 para conocer al joven músico de 19 años que había debutado en Sábados Circulares, se produce el siguiente diálogo entre el periodista y Sandro:

Periodista: ¿Simpatía por algún club de fútbol?
Sandro: Por el más “simpático de todos”, Huracán.

La periodista Nora Lafon, una de las personas que más conoció al cantante hasta su fallecimiento el 4 de enero de 2010, insiste en que no era hincha de ningún equipo y que seguramente en esa nota de la revista Antena haya dicho lo primero que se le vino a la mente. El Gitano había transitado mucho por Pompeya y Patricios, y tenía al Globo a mano. Los hinchas quemeros se abrazan a esa nota y recuerdan, además, que Sandro nació en la maternidad Sardá, a pocas cuadras del estadio Tomás A. Ducó. Para ellos, esto como el certificado ISO 9002.

Otros dicen que, por haberse mudado a Banfield, se hizo hincha del Taladro de grande, y hasta hay quienes están convencidos de que era simpatizante de San Lorenzo, como le relataron sus custodios a uno de sus fans, Juan Gerardo Talerico, conductor del programa de radio “El mundo de Sandro”. La amistad con un cuervo de ley como Cacho Castaña pudo llevar a confusión, pero el periodista del chal blanco Cacho Rubio, lo desmiente: “pasé muchas noches con ambos, Cacho venía entusiasmado con San Lorenzo, contaba cosas, algún partido, y Sandro no le daba ni bola”.

A las referencias futboleras del cantante nacido en Valentín Alsina hay que buscarlas con lupa. Además de aquella nota, en la que también asegura que sus deportes son “el fútbol y el boxeo”, existe un reportaje con Pipo Mancera en el que el Elvis argentino empieza a renegar un poco del deporte rey: “Yo juego al metegol y a las bolitas, el que jugaba al fútbol era mi viejo”, quien sí era futbolero, y terminaba muchas de sus jornadas laborales con un picado a la salida de su trabajo en el frigorífico Wilson.

No hay mucho más deporte en la filmografía. Salvo que incluyamos a la película Tú me enloqueces, la única que escribió y dirigió Sandro, en 1976, y en la que coprotagoniza con Susana Giménez, una reina de los deportes, si tenemos en cuenta que en esa época  estaba de novia con el entonces campeón mundial de los medianos Carlos Monzón, y luego tuvo un romance con el flaco Norberto Draghi, primer basquetbolista en ser tapa de la revista Gente.
El Flaco Draghi con Susana. En la misma tapa con Reutemann, Picasso y Maradona. También con otros impresentables, pero bue...

Ver todas las fuentes
www.imdb.com
www.somosquemeros.com.ar
www.cosasdeautos.com.ar
http://newsmaker4.com.ar
www.youtube.com
Entrevistas con Nora Lafón, Cacho Rubio, Carlos Pairetti, Pablo Ferraudi, Roberto Defazio, Ernesto Rodríguez III y Graciela Guiñazú.